Cuando el cerebro se rompe
La relación entre el mundo exterior e interior de un individuo no es unidireccional, sino que forma parte de un proceso más amplio que se retroalimenta constantemente. Los estímulos viajan de fuera hacia dentro y el efecto que allí se produce tiene una proyección visible, tangible, específica, en nuestro entorno inmediato. La reacción que genera provoca, a su vez, un nuevo estimulo, en uno mismo, en los demás, y ¡vuelta a empezar!. Somos máquinas complejas, difíciles de manejar. A veces necesitamos algún que otro reajuste, otras nos estropeamos completamente, antes de tiempo, bien por estar expuestos demasiadas horas a la intemperie en un clima adverso, bien por pequeños desajustes de fábrica. Es entonces cuando llega ese momento, cuando nuestro cerebro se rompe.
Llevo unos días reflexionando seriamente acerca de éstas y otras cuestiones relacionadas con la mente humana y ¡que sorpresa cuando bajé a por un vaso de leche con galletas y descubrí que en TV2 emitían "Sueño de una noche de invierno (2004)"! Este largometraje, dirigido por Goran Paskaljevic, resulta muy adecuado, en mi opinión, para ilustrar algunas de las cosas que os venía comentando anteriormente.Reconozco que es una película dura, demoledora. No tanto por la existencia de imágenes especialmente violentas o impactantes, que no las hay, sino por el realismo de la propia narración. Se trata de una historia de amor que se convierte en drama, para terminar siendo tragedia. Pero a la vez también es una inteligente metáfora sobre la realidad de Serbia, devastada por la guerra, a través del autismo de una niña: Jovana.
Excelente interpretación, excelente fotografía, excelente trabajo que teneis que ver si no lo habeis visto. ;)
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