jueves, 12 de abril de 2007

Última voluntad

Grita la vieja
desesperada por la salud
que no hay de cotidiano
mientras los enfermos de Rivera,
pintados algún día muy lejano,
contemplan, silenciosos,
la escena.

Sobre la pared desnuda,
escuchando, a la par,
un quinqué y negra esquela.
De fondo, aquella canción italiana
que la triste Luccia
tararea entera.

Sin Sicilia, sin memoria,
sin tormento.
Una invención, un detrimento.
El ioqui mi salúngara de lo real:
La Pavona del Ángel suena...
Y el muerto comprende entonces que está muerto.
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Hace ya un tiempo que escribí ésto... no es muy bueno pero me gustaría compartirlo con vosotros. He de deciros que me encanta escribir, pero aún me gusta más leer. Cualquier cosa. Es lo que mejor me hace sentir.
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