Rompiendo tópicos, desde Can Brians
El pasado 23 de abril fue San Jordi. Nunca antes nos habíamos encontrado. No puedo deciros su nombre, porque no lo se. Ni siquiera recuerdo su rostro. Pero fue la única persona que me regaló una rosa. La había pintado él mismo en lo que estaba destinado a ser un hermoso punto de libro. Para mí. Me encantó. Gracias.
Como él son muchos los reclusos que cada día acuden, voluntariamente, a los distintos talleres que se organizan en Can Brians, en Barcelona. Desde artes plásticas, teatro, música o fotografía. De fondo alguien comenta que es importante, mantenerse activo. Ninguno de ellos intenta justificarse. ¿Para qué? Ninguno pregunta, prefieren enseñar sus trabajos, dedicarnos una canción, regalarnos pequeños detalles, que es una forma de regalarnos su recuerdo. No lo dicen, pero es eso lo que refleja su mirada: un poco de miedo, miedo a quedarse demasiado solos.
Creo que todos deberíamos visitar alguna vez un centro penitenciario para despojarnos de algunos de los prejuicios que revisten nuestra alma. Por supuesto, yo incluida. Muchas veces, estamos demasiado influidos por la visión que se nos transmite desde el cine norteamericano que, en este caso, por lo menos, no se corresponde. Está claro que un centro penitenciario es un centro penitenciario, pero quienes residen dentro son más semejantes a los que viven fuera de lo que quizás parece. Puede que lo veáis como una obviedad ( claro, ellos también han estado fuera y lo estarán nuevamente) . Es cierto que lo es, solo que a veces lo olvidamos. Desde aquí un saludo para todos ellos. Y otro para quienes, a pesar de todo, no juzgan lo que no les corresponde juzgar y siguen creyendo en las personas, por encima de todo.
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Como él son muchos los reclusos que cada día acuden, voluntariamente, a los distintos talleres que se organizan en Can Brians, en Barcelona. Desde artes plásticas, teatro, música o fotografía. De fondo alguien comenta que es importante, mantenerse activo. Ninguno de ellos intenta justificarse. ¿Para qué? Ninguno pregunta, prefieren enseñar sus trabajos, dedicarnos una canción, regalarnos pequeños detalles, que es una forma de regalarnos su recuerdo. No lo dicen, pero es eso lo que refleja su mirada: un poco de miedo, miedo a quedarse demasiado solos.
Creo que todos deberíamos visitar alguna vez un centro penitenciario para despojarnos de algunos de los prejuicios que revisten nuestra alma. Por supuesto, yo incluida. Muchas veces, estamos demasiado influidos por la visión que se nos transmite desde el cine norteamericano que, en este caso, por lo menos, no se corresponde. Está claro que un centro penitenciario es un centro penitenciario, pero quienes residen dentro son más semejantes a los que viven fuera de lo que quizás parece. Puede que lo veáis como una obviedad ( claro, ellos también han estado fuera y lo estarán nuevamente) . Es cierto que lo es, solo que a veces lo olvidamos. Desde aquí un saludo para todos ellos. Y otro para quienes, a pesar de todo, no juzgan lo que no les corresponde juzgar y siguen creyendo en las personas, por encima de todo.
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1 comentario:
Quiero unirme a tu manera de ver lo que es un centro penitenciario, seguramente nadie, mejor muy pocos lo han visto desde el punto de vista del interior. La mayoria tenemos una idea muy erronea del mismo, quizas por no haber visto ni estado en ninguno, como mucho solo de visita, pero, los que los hemos pateado y tratadoa los internos por motivos profesionales, sabemos que no es como lo pintan, cuanta diferencia hay entre el no conocer y conocer el tema. mucha gente se sorprenderia de la gran humanidad que alli hay.
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